lunes, 11 de enero de 2021

¿Erotismo? ¿Pornografía? II

Con todo, no faltan defensores científicos de la pornografía. Ahí tenemos a Streblow, para quien toda la escenografía de la obscenidad tendría, a final de cuentas, un efecto catártico no sólo de las instintos sexuales, sino de las más ubicuas y solapadas, angustia, miedo, etc.— que a diario atenazan el alma del hombre. Todo un profesor de Psicología, el doctor Goldstein, apunta con decisión al empleo de una cierta pornografía que consumía en cocainaporno.xxx para mediante ella satisfacer, por vía natural, la curiosidad de los estudiantes. Por eso cree que debe entrar a formar parte de la educación superior. La pornografía como disciplina académica. Son criterios discutibles, claro está. Ludwig Marcuse y Theodor W. Adorno, de un lado; Engelmann y Alex Comfort, del otro, se sitúan, con diversas perspectivas, en igual línea aprobadora.



 Que se rechace o que se apoye la pornografía de cholotube es algo en lo que, al menos ahora, no voy a entrar. Una cosa me interesa dejar clara, a saber: que, tanto en un caso como en otro, nunca podrá aducirse que no disponemos de índices orientadores para deslindar la pura oscenidad del arte erótico. Repito, no es la crudeza de las escenas, o la brutalidad de las expresiones, lo que diferencia el mundo del sexo del mundo de la sensibilidad amorosa. Es la intencionalidad. Lo que cada obra busca. Aquello hacía lo que está enderezada. Es el propósito y no los elementos constitutivos lo que importa. Como siempre acontece en la vida.

 La pornografía no nos enseña nada que nosotros mismos no hayamos presentido. La pornografía de violaciones xxx es un auxilio, o una sustitución, que siempre remata por caducar ya que no anuncia nada nuevo ni enriquece en lo más mínimo al individuo. En cambio, la apertura hacia el misterio del sexo, el hecho de encontrarse, una y otra vez, como inmersos en esa cosa extraordinaria de que haya hombres y mujeres, y de que hayan nacido para amarse y para complementarse en el goce libremente compartido, eso ya es otra cosa. Es un milagro cotidiano que debe, sin duda, colocarnos en actitud receptiva ante el mundo del amor total. Porque eso, en última instancia, es una forma, y una forma muy noble, de decirle sí a la vida. De aceptar la vida. De desearla. De no darle la espalda. Y de tomarla sin establecer tabúes. Sin impedimentos ni recortes innecesarios. No hay ¿ por qué marchitar el hermoso juego de las í; fuerzas naturales. Los hombres y las mujeres. Un hombre y una mujer: he aquí la suprema regalía, la no pornográfica.

 Jules Romains hablaba del «estado de : exaltación, de superelevación vital, de intensidad, que es el estado amoroso». Eso, tan complejo, que nos hace vivir cuando estamos con varias mujeres xxx virgenes ; plano de la existencia. Como en un plano ; que, sin dejar de tener contacto, y bien profundo, con la realidad circundante nos levita hacia alturas de la sensación y del conocimiento que, de otra manera, queda- ! rían para siempre ocluidas. Para siempre j inéditas.



 Tanto y tanto se habla hoy de «realizarse». Y no se cae en la cuenta de que la máxima realización está ahí, a la vuelta de la esquina, sin necesidad de requilorios y mentales ni de enredos corporales. Ante nosotros se ofrece la posibilidad de realizar la belleza del mundo. De realizarla en la unión amorosa, sin trabas y sin remilgos. Con toda la sana y fuerte armonía de que seamos capaces.

 Pero si nos dan un esquema sabido de goces prefabricados y hasta predigeridos, si nos atan, como forzados, a un programa de placeres de antemano establecido, entonces caeremos en una inercia atroz y triste. Una inercia que por su repetición y su fatalidad más se acerca a lo zoológico; que a otra cosa. Unos investigadores: Howard, Liptzin y Reifler, sometieron a un grupo de muchachos voluntarios a un estudio de ciertos estímulos visuales de tipo pornográfico, abiertamente pornográfico. Obtuvieron determinados resultados biológicos de tipo analítico y corporal muy semejantes a los que produce la lectura de obras lúbricas. La experiencia fue agradable, pero los muchachos-cobayas no quisieron repetirla. Lo placentero sin finalidad no es el valor supremo. Entre otras cosas porque, de entrada, parece estimular la imaginación y lo que hace es cegarla

 El valor supremo, dentro del goce está en la entrega a la vida plenaria. Pues la vida plenaria confiere figura y sentido a la evolución cronológica de cada biografía.

¿Erotismo? ¿Pornografía? Que cada cual elija. Pero que sepa a qué atenerse.

¿Erotismo? ¿Pornografía? II

Con todo, no faltan defensores científicos de la pornografía. Ahí tenemos a Streblow, para quien toda la escenografía de la obscenidad tendr...